“Espero, como tantas otras veces, que el guardia abra la primera de las puertas metálicas que traspasan el muro de hormigón de la unidad 41.
Hace tiempo que trabajo como docente en la escuela de la cárcel. Sin embargo el alambrado de púas, y el ruido de las rejas al cerrarse, me siguen impresionando como el primer día.
Hasta último momento cambié mensajes de texto con el teléfono celular, que he debido dejar en el auto, con mi hija con fiebre. Quizá esta circunstancia de hoy me ha hecho sentir que “entrar” en la cárcel es tan solo “salir”. Un fuerte encierro que me deja afuera de todo y adentro de nada. Lo mío debo abandonarlo. Allí están los afectos, las calles, lo conocido. La cárcel es tan solo la negación de todo lo humano. Un lugar que es estar en ningún lado.”
Introducción
